
Oia, cuelga de lo alto del acantilado, sobre la ladera que desciende hasta la laguna. Sus calles, sus cúpulas azules, sus puestas de sol, su mar, sus acantilados, … su belleza invita a disfrutar del atardecer. (Claro,… esto suena idílico… hasta que empiezas a ver las hordas de peña – muchos de ellos de los nuevos mundos de viaje por Europa en busca de sus orígenes - que llegan a ver la puesta de sol en autobuses numerados… nosotros nos largamos de allí cuando vimos a la manada siguiendo a la guía que sujetaba el banderín Nº 21...en cualquier caso, merece la pena, o más.)








